domingo, 5 de febrero de 2012

Croquetas de Cebolla

Nuevamente, vengo a hablaros de otra cosa. De comida. Pero no en una comida cualquiera: en las croquetas. Hace poco, cenando, me di cuenta de lo traicioneras que pueden resultar estos alimentos. Sí, traicioneras.

Porque existen dos tipos de croquetas: las congeladas y las de tu madre.

Las primeras, son consideradas como las mayores traidoras de la historia de la humanidad: de hecho, Napoleón perdió la batalla de Waterloo, debido a la traición de una de estas indeseables.

A estas croquetas pueden pasarles varias cosas:

1- Que, aunque por fuera parezcan frías, por dentro estén hirviendo.

2- Pasándome al otro extremo, que por fuera estén quemadas, pero por dentro congeladas.

3- Que el relleno desaparezca.

¿A quién no le ha pasado eso de, meterse una croqueta en la boca, y abrasarse la lengua? Sin mentir. El ser humano es capaz de hacer movimientos y muecas estúpidos, pero una de las más estúpidas de todas, es aquella actitud que mostramos cuando nos estamos quemando la lengua: Abrimos la boca, comenzamos a expirar más rápido, movemos la lengua hacia arriba y hacia abajo, e intentamos masticar y tragar lo antes posible, lo que puede ocasionar quemaduras internas. Todo esto acompañado por la cara más tonta que podemos poner: cara de besugo. “Carmen, a tu primo le está dando un síncope” “Que va, es que es masoquista, le gusta quemarse la lengua, y para eso, come croquetas”.

Con la segunda pasa poco más o menos lo mismo: Situación:

Vas a un bar, pides una croqueta (sí, una, que no dos, que la cosa no está para pagar más de una) y te la metes a la boca. Poco a poco, saboreándola, que, como antes bien he dicho, está todo caro y no es plan de tragarla de golpe. Cuan agradable es la sorpresa, cuando sentimos frío. Sí, frío. Y no ese frío en plan de “coño, se ha quedado fría ya”, sino el frío en plan “¡¡La croqueta está viva!! ¡¡Viva!!”

Miramos la croqueta con desconfianza y sin lavarnos las manos (otro signo de la inteligencia humana) metemos el dedo en el centro de la misma, para comprobar la temperatura, cual termómetro humano. “Perdone, ¿tiene usted algún termómetro?” “¿Un termómetro? ¿Para qué?” “No, nada, es que creo que la croqueta tiene hipotermia” Y de nuevo… ¡¡sorpresa!! La croqueta está congelada. Por no abrir la boca, nos metemos la croqueta a toda prisa en ella, y nos bebemos el café, que está caliente, y quizás actúe como microondas. Engañan por el aspecto, porque, cuando la miramos, es, acojonamente, la croqueta que mejor pinta tiene del plato. Para que luego digan que la belleza está en el interior. Díselo a una croqueta.

La tercera, es un misterio a resolver por Iker Jiménez en Cuarto Milenio. Con este tipo de croquetas, en las que el relleno desaparece, pueden ocurrir dos cosas:

1- Que el relleno se quede en la sartén donde las hemos cocinado.

2- Que el relleno desaparezca totalmente.

Cuando se da el primer caso, no desesperamos. Con un tenedor intentamos (inútilmente) volver a introducir el relleno dentro de ella. Desistimos, y nos acabamos comiendo el relleno por un lado, y el frito ese, por otro.

Cuando se da el segundo, la cosa puede llegar a ser alarmante, porque: ¿Dónde va este relleno perdido? ¿Hay quizás otra dimensión en la sartén? ¿Se evapora? ¿Viene un ovni y se lo come? ¿Si me tiro en la sartén apareceré en Narnia?

Las leyendas urbanas más conocidas afirman que la responsable de su desaparición es la chica de la curva y el hombre del saco, ya que lo que de por si lleva dentro de él, son los rellenos robados a otros desesperados seres humanos que estaban cocinando croquetas y se despistaron un segundo.

¿Hay quizás alguien, en la empresa de las croquetas, que se dedique a vaciar su interior? ¿Se estará riendo en su casa? Este hombre podría tener un grave problema: de hecho, se está riendo de algo que no ve, y lo peor: se dedica a vaciar croquetas ¡Qué no vacía cajas fuertes ni nada por el estilo! ¡Croquetas!

Otra variedad de croqueta, y ya mucho más conocida, es la llamada “Croqueta de mama”.

Al igual que los paraguas, las croquetas fueron un arma inventada por las madres para torturarnos.

Porque, ¿de qué rellenan las croquetas las madres? ¡No! ¡De jamón y queso no! Ni de nada que nos guste: de las sobras. Sí, de las sobras.

Todo lo que no comemos durante la semana, no desaparece. Que va. Nuestras madres lo van recopilando poco, en los tupers o en cualquier otro sitio fuera de nuestro alcance para que no cometamos el “suicidio sobreril”, que es aquel suicidio que inducimos a las sobras: el cubo de la basura o el retrete.

Lo que es aún peor, es que nunca guardan las sobras de la comida que nos gusta. Normalmente, las sobras están compuestas por: cocidos, sopas, lentejas, carne, verduras etc.

De no ser así, ¿Por qué no existen las croquetas con relleno de espagueti, o relleno de tortilla de patata? No, las croquetas deben de estar rellenas con el pollo que ha sobrado del cocido, o con las morcillas de las alubias de la semana pasada y así constantemente.

Por eso lo antes dicho: las croquetas son el arma de las madres. Lo que no te obligan a comer hoy, te lo obligaran a hacerlo con las croquetas de la semana que viene.

"¡¡Mamá!! ¿Qué hay para cenar?

¡Croquetas!

¿De qué?

¡De sopa de cebolla!" (¡¡Noooooo!!)

Porque, para que vamos a engañarnos, las croquetas son el gran invento del siglo XX. Y con la crisis esta que estamos soportando, pues vienen mejor que nunca. ¿Qué sobra pan? Croquetas de pan. ¿Qué sobran huevos fritos? Pues croquetas de huevos fritos. ¿Qué sobran los vómitos del gato? Pues… agg…

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